Erinevatel põhjustel pole ma viimasel ajal siia sõnu ritta saanud. Ja ka täna jäävad mu enda read lühikeseks, ehkki lootust pole veel kaotanud ning nii ehk teisiti vajab kronoloogia täiendamist.
Lisan siia hoopis ühe loo, mille kinkis mulle täna üks mu siinseid parimaid sõpru. See on minu senise elu üks kõige erilisemaid kingitusi ja õnneks on seda võimalust ka jagada, ehkki hetkel ei jõua neid ridu eesti keelde tõlkida. Ning ausalt öeldes oleks see korralik pingutus, et õigeid sõnu leida.
See jutt on kirjeldus ühest väikesest riigist nimega Eesti läbi autori silmade. Ilukirjanduslik või pea poeetiline nägemus paigast ja tema rahvast, millest-kellest loo autoril polnud natuke rohkem kui aasta tagasi pea õrna aimugi ning mida ta on saanud kuulma ühe eestlase vahendusel ja nägema läbi pildimaterjali.
Olin ja olen neid ridu lugedes väga liigutatud ning sügavalt tänulik. Tänulik mitte ainult selle loo eest, vaid tänulik nende imeliste inimeste, hetkete, juhuste ja võimaluste eest, mida elu ikka ja jälle mulle kingib.
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ESTONIA
Voy a tratar de describirles este pequeño y maravilloso país, que he tenido la fortuna de conocer.
Estonia es un bellísimo país ubicado al nororiente de Europa, pequeño en extensión pero inmenso en recursos naturales y humanos. Sus paisajes son variados, desde playas blancas como la nieve, hasta nieve abrazadora por esa calidez de sus gentes, pasando por praderas plenas de flores multicolores, por bosques espesos y frescos, o por mares azules que muchas veces se convierten en caminos blancos, que te llevan donde tus mejores amigos o a ese rinconcito de felicidad en casa de tus abuelos, al que sólo vas una vez al año, si tienes suerte.
Este país está cobijado por las estaciones, y según cada una de ellas es, claro, su paisaje. Y aunque el ambiente afecta el estado de ánimo de sus habitantes, nunca vas a encontrar un estonés que no sea amable, sensible, tranquilo y eternamente agradecido con el mundo durante todo el año, durante toda su vida. Al llegar una estación, están ansiosos por disfrutarla. Ninguna de ella es mejor o peor que las otras: para un estonés todas son maravillosas, y aunque aparentemente no son religiosos de mucho fervor, en sus ojos se puede observar que su alma es agradecida con Dios y con la naturaleza.
La primavera es sin duda la estación que más gusta a la mayoría de estoneses, pues refleja de algún modo ese amor y ese color en el alma que sólo ellos tienen. Las flores con su esplendor se confunden con las personas, pues todas son igual de bellas y todas despiden un aroma de felicidad, sin necesidad de gritos o alharacas. Las flores las mueve ese viento primaveral y parece que sonrieran, y los estoneses cuando sonríen, parecen flores acariciadas por el viento. O a veces una simple mirada profunda y serena, como la suelen tener los estoneses, te llega al alma como te llegan al alma los paisajes de Estonia.
El verano, como no, es alegría, es apertura, es desenfreno, es la VIDA, así, con mayúsculas. En verano es tal vez en la única época de año en que Estonia se podría comparar con otros países que no tienen el privilegio de vivir las estaciones, pero en donde igual sus gentes son alegres y abiertas. Se me ocurre decirles, sólo con el ánimo de hacerme entender y de acercarlos más a lo que es Estonia, que Estonia en verano podría ser como ciertas regiones de Colombia en lo que en el trópico se llama también verano, aunque un poco más húmedo.
El otoño es espectacular en Estonia. Es la estación del año donde más se refleja la tranquilidad de este bello país. Sus árboles se despojan generosa y plácidamente de sus hojas -las cuales forman un hermoso tapiz natural- pues saben esos árboles, con certeza, que es para reverdecer con más color en la siguiente estación, y dar la sombra que la gente necesitará.
El invierno, como lo mencioné, a pesar de sus bajas temperaturas, es cálido, pues los amigos y la familia se reúnen en torno a una hoguera, a una chimenea o, a falta de ellas, se arropan entre ellos mismos. Es un paisaje blanco - donde el verde se resiste a desaparecer - tan puro como el corazón de los estoneses. El mar se congela, y lo insular queda mucho más cerca de lo continental. No hay olas en el mar, pero hay oleadas de amor entre sus gentes.
No he mencionado las ciudades de Estonia. Son pequeñas y organizadas. Son urbes casi que manuales, fáciles de manejar y de conocer, donde reina la cultura y el respeto por los ciudadanos, por los animales y por las normas. Tienen la contaminación de cualquier otra ciudad de su tamaño, pero con la diferencia de su armonía, de la paz y de la seguridad que en ellas se respira.
Tuve la fortuna de conocer a Estonia a través de mi amiga Kullike, y por ello le quedaré eternamente agradecido. En otra oportunidad que pueda visitar ese país, si Dios me da la fortuna, les terminaré de describir a ESTONIA, siempre con el mismo amor que lo acabo de hacer.
BATE
Medellín (Colombia), abril 19 de 2013
Voy a tratar de describirles este pequeño y maravilloso país, que he tenido la fortuna de conocer.
Estonia es un bellísimo país ubicado al nororiente de Europa, pequeño en extensión pero inmenso en recursos naturales y humanos. Sus paisajes son variados, desde playas blancas como la nieve, hasta nieve abrazadora por esa calidez de sus gentes, pasando por praderas plenas de flores multicolores, por bosques espesos y frescos, o por mares azules que muchas veces se convierten en caminos blancos, que te llevan donde tus mejores amigos o a ese rinconcito de felicidad en casa de tus abuelos, al que sólo vas una vez al año, si tienes suerte.
Este país está cobijado por las estaciones, y según cada una de ellas es, claro, su paisaje. Y aunque el ambiente afecta el estado de ánimo de sus habitantes, nunca vas a encontrar un estonés que no sea amable, sensible, tranquilo y eternamente agradecido con el mundo durante todo el año, durante toda su vida. Al llegar una estación, están ansiosos por disfrutarla. Ninguna de ella es mejor o peor que las otras: para un estonés todas son maravillosas, y aunque aparentemente no son religiosos de mucho fervor, en sus ojos se puede observar que su alma es agradecida con Dios y con la naturaleza.
La primavera es sin duda la estación que más gusta a la mayoría de estoneses, pues refleja de algún modo ese amor y ese color en el alma que sólo ellos tienen. Las flores con su esplendor se confunden con las personas, pues todas son igual de bellas y todas despiden un aroma de felicidad, sin necesidad de gritos o alharacas. Las flores las mueve ese viento primaveral y parece que sonrieran, y los estoneses cuando sonríen, parecen flores acariciadas por el viento. O a veces una simple mirada profunda y serena, como la suelen tener los estoneses, te llega al alma como te llegan al alma los paisajes de Estonia.
El verano, como no, es alegría, es apertura, es desenfreno, es la VIDA, así, con mayúsculas. En verano es tal vez en la única época de año en que Estonia se podría comparar con otros países que no tienen el privilegio de vivir las estaciones, pero en donde igual sus gentes son alegres y abiertas. Se me ocurre decirles, sólo con el ánimo de hacerme entender y de acercarlos más a lo que es Estonia, que Estonia en verano podría ser como ciertas regiones de Colombia en lo que en el trópico se llama también verano, aunque un poco más húmedo.
El otoño es espectacular en Estonia. Es la estación del año donde más se refleja la tranquilidad de este bello país. Sus árboles se despojan generosa y plácidamente de sus hojas -las cuales forman un hermoso tapiz natural- pues saben esos árboles, con certeza, que es para reverdecer con más color en la siguiente estación, y dar la sombra que la gente necesitará.
El invierno, como lo mencioné, a pesar de sus bajas temperaturas, es cálido, pues los amigos y la familia se reúnen en torno a una hoguera, a una chimenea o, a falta de ellas, se arropan entre ellos mismos. Es un paisaje blanco - donde el verde se resiste a desaparecer - tan puro como el corazón de los estoneses. El mar se congela, y lo insular queda mucho más cerca de lo continental. No hay olas en el mar, pero hay oleadas de amor entre sus gentes.
No he mencionado las ciudades de Estonia. Son pequeñas y organizadas. Son urbes casi que manuales, fáciles de manejar y de conocer, donde reina la cultura y el respeto por los ciudadanos, por los animales y por las normas. Tienen la contaminación de cualquier otra ciudad de su tamaño, pero con la diferencia de su armonía, de la paz y de la seguridad que en ellas se respira.
Tuve la fortuna de conocer a Estonia a través de mi amiga Kullike, y por ello le quedaré eternamente agradecido. En otra oportunidad que pueda visitar ese país, si Dios me da la fortuna, les terminaré de describir a ESTONIA, siempre con el mismo amor que lo acabo de hacer.
BATE
Medellín (Colombia), abril 19 de 2013












